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Chimalhuacán

El sueño roto de Yaollin, sin justicia a más de dos años por tráfico de influencias de la administración municipal en Chimalhuacán

CHIMALHUACÁN, Méx., 4 de julio de 2019 (Gpe I Ramírez/SN Noticias). – El día que trabajadores municipales presuntamente alcoholizados los atropellaron, Yaollin y su papá regresaban de regalar entradas de cine a sus amigos para festejar el Día del Niño. Yaollin falleció en el hospital y el padre terminó en silla de ruedas.

A dos años de esta tragedia, no hay detenidos y la familia enfrenta el desdén de las autoridades de la Fiscalía General de Justicia mexiquense (FGJEM), que no cuenta con detenidos ni con intenciones de darles información.

Yao, como era conocido entre sus amigos, tenía 15 años, era alumno destacado de la Vocacional 9 del IPN, y soñaba con ser Ingeniero en Robótica para estudiar en Harvard y viajar a Japón.

Aquel 30 de abril de 2017, su padre, Pablo García, y él regresaban en una motocicleta, pensando en la cinta “Jefe en Pañales”, que verían al siguiente día, 1 de mayo, en la sala de cine que rentaron en la Plaza Chimalhuacán.

Sus planes terminaron abruptamente cuando una camioneta Ford Windstar roja los impactó en el cruce de Corregidora y Doctor Río de la Loza, a escasos metros de su casa en el Barrio Acuitlapilco.

Eran casi las 8 de la noche cuando el conductor de esa camioneta, con las luces apagadas, invadió el confinado del Mexibús, y se pasó el alto a gran velocidad. El impacto fue letal, padre e hijo volaron por los aires, mientras la camioneta se estampaba contra un poste de teléfono.

“Pudieron evitar el hacernos daño sí tan solo hubieran frenado, pero no hicieron el intento de frenar”, recuerda el padre a dos años de la tragedia.

Aún desorientado y con las extremidades fracturadas, Pablo intentó acercarse a Yao, pero no pudo, entonces notó que los pasajeros balbuceaban, iban ebrios.

Dentro del vehículo vio a Oscar Huerta Olivares, entonces Director de Gobierno de Chimalhuacán, quien gritaba al conductor ¡Jálate, jálate!, éste todavía arremetió contra Pablo, pero un vecino alcanzó a quitarlo antes de que lo arrollaran nuevamente. Yao estaba inconsciente.

Pablo grabó en su memoria los dos últimos dígitos de las placas, 78, y los rostros de los otros tripulantes, que después supo eran Wendy, Christian y Pablo, todos de apellidos Huerta Olivares, quienes aún trabajan en el Ayuntamiento.

En segundos, los curiosos los rodearon, algunos grababan la escena con sus celulares; también acudieron tres patrullas municipales una de ellas con el número 105; dos de tránsito, entre estas la TM-990, así como cuatro motopatrullas.

A todos ellos les gritó, con las pocas fuerzas que le quedaban, la descripción de la camioneta y las placas para que la persiguieran, nadie respondió mucho menos alertó por radio a otras unidades, como si la orden fuera no hacer nada.

“¿Qué hicieron? Nada, absolutamente nada, no avanzaron, omitieron realizar su trabajo”, suspira aún con dolor el también docente de primaria.

‘EL HOSPITAL DE LA MUERTE’

Por si fuera poco, durante el accidente las ambulancias tardaron en llegar; los policías argumentaron que se encontraban asignadas a la “Feria de la Piedra” -un evento organizado por la Alcaldía y conocido por la venta de alcohol- muy cerca de ahí. Incluso, después supieron que los tripulantes de la camioneta procedían de esa Feria.

Aunque Pablo rogó reiteradamente que su hijo fuera llevado al hospital del ISSEMyM, del cual era derechohabiente, y no al 90 Camas, por su fama de “Hospital de la Muerte”, no le hicieron caso.

El papá de Yaollin aún recuerda la impotencia que sufrió esos días, pues mientras los médicos lo intervenían varias veces, por las heridas y hemorragias que sufrió, su hijo estaba moribundo sin la atención adecuada.

“No le hicieron absolutamente nada, solo lo tenían en el pasillo en una camilla esperando a que falleciera…”, suspira el profesor.

Al ver la falta de atención y por consejo de un médico, la familia gestionó bajo su riesgo el traslado al hospital del ISSEMyM en Ecatepec, donde les dijeron que habían perdido tiempo valioso y era urgente una tomografía, que para variar no tenían por lo que fue llevado a una clínica particular donde Yao sufrió un infarto.

Luego de casi un mes de agonía, Yao murió el 22 de mayo de 2017, a decir de los médicos, por la falta de atención adecuada.

“El día que falleció Yaollin, el hospital se quedó sin energía eléctrica y no arrancaron las plantas de energía de emergencia”, señala el padre de familia.

POR SU CUENTA

Ante la inacción de la Policía Municipal, fueron los familiares quienes buscaron y hallaron la camioneta roja Ford Winstar, placas MCT2078 en el Barrio Xochitenco. En el parabrisas estrellado tenía un oficio signado por Oscar Huerta Olivares, Director General de Gobierno municipal, en el que pedía “facilitar” la labor de los pasajeros, pues pertenecían a esa dependencia.

Pero el mayor reto fue lograr que el Ministerio Público trasladara el vehículo como evidencia, pues tres grúas –dos particulares y una municipal– intentaron llevárselo arguyendo que tenía reporte de abandono.

Fue gracias a la presión de vecinos y familiares que la camioneta fue llevada al MP.

Mientras en el lugar de los hechos, trabajadores municipales –pese a ser feriado por el Día del Trabajo– lavaron la avenida y colocaron un tope; además, Telmex sustituyó el poste derribado por la camioneta, alterando toda evidencia.

Todo fue documentado por los familiares, incluso, recuperaron piezas de la camioneta. La inusual prontitud en la limpieza del lugar y el intento de llevarse la camioneta incrementó aún más las sospechas de que los uniformados tenían la orden de borrar toda evidencia.

“Yo quede postrado en silla de ruedas, sin embargo, podía percibir muchas anomalías, la más injusta era ver que las autoridades correspondientes no habían hecho absolutamente nada para esclarecer nuestro caso, jamás se presentaron a recabar nuestra entrevista”, recuerda con dolor el papá.

Investigación perdida

Debido a que en ningún momento de su convalecencia, personal de la Fiscalía General de Justicia mexiquense acudió al hospital a tomarle su declaración, Pablo tuvo que ser cargado por su familia para iniciar su denuncia en el Centro de Justicia de Chimalhuacán.

En ese lugar, el Agente del Ministerio Público le pidió investigar con exactitud los domicilios de las personas que reconoció y fotos de las casas que habitaban, además de llevar oficios a diversas dependencias y presentar a testigos.

“Al final de la entrevista fue terrible oír a la Agente del M.P. decirme que cuándo podía presentarse mi hijo a rendir su declaración… Sin duda alguna no habían hecho nada para dar con los responsables”, lamentó Pablo.

Meses después, el 20 de noviembre de 2017, Pablo Huerta Olivares, hermano de Oscar Huerta Olivares, Director de Gobernación Municipal, y uno de los tripulantes de la camioneta fue ubicado cerca de la casa de las víctimas.

El sospechoso fue increpado y aunque en el lugar reconoció que sí viajaba en el vehículo, cuando fue presentado en el MP se desdijo, por lo que fue liberado ese mismo día.

“Le dijo a uno de los oficiales municipales que qué tanto estábamos haciendo alboroto, sí ya nos hablan pagado el daño causado, además, de aceptar que sí iba dentro de la unidad ese día, pero que él no Iba manejando”, recuerda el doliente.

Aunque los familiares han hecho prácticamente el trabajo al personal de la FGJEM, incluso, llevando y trayendo oficios de diversas dependencias, hasta hoy no han recibido ni siquiera la atención psicológica y tanatológica por parte de las autoridades.

Los afectados aseguran que desde el primer momento ha habido tráfico de influencias de parte del funcionario, Oscar Huerta, pues el Jefe de la Unidad de Investigación del MP de Chimalhuacán, Edwin de Jesús Guillen Ruiz, es conocido por favorecer a los funcionarios en los casos que son iniciados en esta localidad.

“El expediente físicamente no aparece, ya lo solicitamos por escrito, y no sabemos absolutamente nada sobre el avance y actuaciones por parte de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México con sede en Chimalhuacán”, asegura el padre de Yao.

Incluso, en la manifestación por el segundo aniversario de su muerte y del nulo avance en las investigaciones, les fue negada la entrada al MP.

Yaollin era un estudiante destacado y becado del IPN, cursaba el segundo semestre con el sueño de convertirse en Campeón Mundial de Robótica, y ya realizaba trámites para un intercambio como estudiante de Harvard.

“A dos años de que trágicamente nos destruyeron la vida, día a día crece más nuestro dolor de padres al ver que nuestro hijo nunca regresará… y no se ha hecho justicia”, lamenta Pablo García.

Compañeros de la Voca 9, como Nuria Sydykova Méndez -que fue Campeona Mundial en Matemáticas, en Ucrania- y el equipo Donk Pink – que obtuvo el premio Judges Awards en la Competencia Mundial de Robótica, en Houston, Texas apenas en abril- le dedicaron su triunfo a Yao.

Este medio solicitó su versión a la Alcaldía, pero no hubo respuesta,en tanto, en el directorio del Ayuntamiento Oscar Huerta Olivares aparece como encargado del Modulo de Protección Civil y Bomberos en El Ejido Santa María, mientras su hija hija fue contemplada por Jesús Tolentino Román, entonces candidato a la presidencia municipal,  como parte de la planilla municipal.

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