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Ganadores y perdedores del nuevo TLCAN entre Estados Unidos, México y Canadá

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN en español, NAFTA en inglés) entró en vigencia el 1 de enero de 1994, tras haber sido ratificado por los parlamentos de Estados Unidos, México y Canadá. Todavía estaba fresco el derrumbe del bloque soviético y había una fe ciega en las bondades del comercio libre, así que el establishment político y económico de los tres países lo apoyó con entusiasmo.

Un cuarto de siglo después, la realidad es muy diferente. Muchos sectores se beneficiaron de los efectos de la globalización, pero otros los padecen y creen que es necesario dar marcha atrás. Los consensos que había en los años 90 se esfumaron y la polarización política trepa a niveles inimaginables en ese momento.

La Casa Blanca de Donald Trump es hija de este nuevo tiempo. El discurso de “Estados Unidos primero” y la reivindicación del proteccionismo están en las antípodas de la filosofía que imperaba cuando se firmó el TLCAN. Por eso, desde que asumió, el republicano se propuso modificarlo para que fuera más favorable a los intereses de su país, o sencillamente eliminarlo.

Banderas de Canada, Mexico y Estados Unidos en el marco de las negociaciones del nuevo TLCAN (REUTERS/Edgard Garrido/File Photo)

Banderas de Canada, Mexico y Estados Unidos en el marco de las negociaciones del nuevo TLCAN (REUTERS/Edgard Garrido/File Photo)

El momento histórico y las respectivas administraciones estadounidenses son diametralmente opuestas. Si en la gestión de George H.W. Bush, y hasta en la de Bill Clinton, el TLCAN era un acuerdo que invitaba a la integración comercial y regional, ahora el AEUMC es uno defensivo, que en su capítulo 32 excluye la posibilidad de que alguno de sus miembros se integren comercialmente con China, como economía de no mercado”, explicó Enrique Dussel Peters, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), consultado por Infobae.

Tras más de un año de tensas negociaciones, en el que lo más probable parecía que todo se cayera, el trío llegó a un arreglo el pasado domingo. El Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (AEUMC en español, USMCA en inglés) fue anunciado horas antes de la medianoche, cuando vencía el límite que se habían impuesto.

Sólo así se podía llegar a firmar el pacto antes del 1 de diciembre, cuando Enrique Peña Nieto entregue la presidencia de México a Andrés Manuel López Obrador, cumpliendo con el plazo de 60 días que exige el Congreso estadounidense para evaluar el texto. Todo indica que Peña, Trump y el premier canadiense Justin Trudeau rubricarán el AEUMC el 29 de noviembre en Buenos Aires, donde se verán en el marco de la cumbre del G20.

El tratado comercial tendrá una vigencia de 16 años, aunque podrá revisarse cada seis. Habrá que esperar su implementación plena, que se puede demorar un tiempo, para medir sus efectos. Pero ya se puede vislumbrar qué cosas cambiaron y cuáles siguen igual, y quiénes son los potenciales ganadores y perdedores.

Donald Trump con trabajadores automotrices en Michigan (Getty Images)

Donald Trump con trabajadores automotrices en Michigan (Getty Images)

Parecido, pero diferente

El TLCAN alteró profundamente las relaciones económicas en América del Norte. La integración de los tres países en la industria automotriz, en el rubro textil y en la agricultura fue radical. El comercio regional pasó de 290.000 millones de dólares en 1993 a 1,1 billón en 2016.

El impacto fue especialmente fuerte en el intercambio entre Estados Unidos y México. Las inversiones estadounidenses en su vecino del sur pasaron de 15.000 millones de dólares a 100.000 millones. Al mismo tiempo, lo que era un déficit para México estimado en 1.700 millones de dólares se convirtió en un superávit de 54.000 millones.

Estos datos son los que miran sus críticos en Washington, que acusan al TLCAN de haber favorecido el cierre de fábricas en su país para trasladarlas a territorio mexicano, donde el costo de la mano de obra es mucho menor. Estados Unidos perdió en el período 350.000 empleos en el sector automotriz, y México saltó de 120.000 trabajadores a 550.000.

 Si en la gestión de George H.W. Bush el TLCAN era un acuerdo que invitaba a la integración comercial y regional, ahora el AEUMC es un acuerdo defensivo

Los defensores del acuerdo sostienen que la disminución de puestos de trabajo se explica esencialmente por el cambio tecnológico y por la competencia china. Además, afirman que estuvo concentrada en el rubro manufacturero, pero que muchos otros sectores se vieron favorecidos. Hay estimaciones que indican que hasta 14 millones de empleos dependen del comercio con sus vecinos.

También en México hay fuertes discusiones en torno a los resultados de la integración. A pesar de los indicadores positivos, los detractores señalan que los trabajos creados agregan poco valor y son mal remunerados, y que la pobreza se mantiene en niveles similares a los de 1994. Adicionalmente, alertan por la desaparición de casi dos millones de pequeños agricultores, que no pudieron soportar la apertura del sector.

Parece poco probable que el AEUMC pueda resolver los problemas del TLCAN, pero se tomaron algunas medidas que intentan hacer ciertas correcciones. Los cambios más importantes se dan en la industria, una prioridad absoluta para Trump.

El sector automotriz, uno de los más espinosos en el nuevo TLCAN

El sector automotriz, uno de los más espinosos en el nuevo TLCAN

“Es mayormente lo mismo”, sostuvo Nicolas Schmitt, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Simon Fraser de Canadá, en diálogo con Infobae. “Claro que hay modificaciones en los márgenes, como en agricultura, en la protección de patentes y en los mercados financieros. Pero no son grandes. La diferencia más significativa se da en el sector automotriz. Si bien se preserva la integración regional, habrá una importante reorganización de la producción por las restricciones más duras que se establecieron. En ese sentido, se incrementa el costo del libre comercio”.

Para potenciar la fabricación estadounidense de autopartes, se incrementa de 62 a 75% el mínimo de componentes de los automóviles que deben ser producidos en alguno de los tres países. Además, para combatir la migración de plantas hacia México, se establece que entre el 40% y el 45% de cada vehículo debe ser confeccionado por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por día, que es el triple de la media mexicana.

“En el caso de los autos hechos en México, un alto porcentaje de las partes son producidas en países de oriente, como China y Corea, para las empresas estadunidenses. Y hay una docena que son alemanas, japonesas, suecas, coreanas y chinas, que importan partes de sus propios países y también venden sus autos en Estados Unidos”, contó a InfobaePablo Ruiz Nápoles, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM.

 Si bien se preserva la integración regional, habrá una importante reorganización de la producción por las restricciones más duras que se establecieron

Otro ámbito en el que hay modificaciones es la industria láctea, un tema muy sensible para Canadá, especialmente para la región de Quebec, donde hay muchos pequeños productores. Se trata de un sector muy regulado y protegido, con aranceles de hasta 275%, que son prohibitivos para la competencia externa. Washington logró que Ottawa abra un poco ese mercado, otorgándole una cuota de acceso del 3,6 por ciento.

En contrapartida, Trump debió desistir de su intento de eliminar el mecanismo de solución de controversias entre los socios que estaba presente en el TLCAN. Es una suerte de tribunal comercial que le permite a cada país cuestionar políticas de alguno de los otros que considere perjudiciales.

Otro capítulo del AEUMC son las nuevas regulaciones que modernizan al acuerdo anterior, incorporando controles medioambientales más estrictos, mecanismos para supervisar el comercio electrónico y protecciones a la propiedad intelectual.

El punto más curioso del tratado es una cláusula diseñada casi explícitamente por Estados Unidos para evitar que China aumente su presencia en México y en Canadá. La disposición obliga a cada miembro a notificar a sus socios de cualquier preacuerdo con una economía que no sea considerada de mercado, para darles la oportunidad de revisar su impacto sobre la región. Si lo que se pretende firmar fuera rechazado por uno de los miembros, éste podría irse del AEUMC en un plazo de seis meses.

La industria lactea canadiense se verá afectada

La industria lactea canadiense se verá afectada

Ganadores y perdedores

“Por el momento —dijo Dussel Peters—, los sectores que han impulsado el TLCAN y el AEUMC son las cadenas de autopartes y automotriz, la electrónica y, en menor medida, la hilo-textil y de confección, y la aeronáutica. Son los más favorecidos en materia de aranceles y de una profunda integración regional. Son también los que se benefician en el corto plazo del AEUMC, pero también se pueden llegar a ver perjudicados por las restricciones cuantitativas. Rubros como la agricultura, la mayor parte de la manufactura en México y las empresas de menor tamaño, entre otras, no se han visto beneficiados o han sido excluidos de este proceso”.

No siempre es fácil identificar de antemano quiénes ganan y quiénes pierden con un nuevo tratado comercial. Pero hay sectores que son destinatarios muy evidentes de lo firmado. Un ejemplo claro son los lecheros estadounidenses, que podrán entrar a Canadá.

La contraparte son los productores lácteos canadienses. La asociación del sector afirmó esta semana que los cambios tendrán un “impacto dramático” y acusaron a Trudeau de incumplir su palabra de no hacer un mal trato para su país. De todos modos, los sindicatos industriales celebraron el acuerdo. “Este marco produce significativas mejoras en el sector del automóvil”, sostuvo Jerry Dias, presidente de la poderosa central sindical Unifor.

 No habría que ver esto como el triunfo de uno que se corresponde con la derrota de otro. En líneas generales es una victoria política para Trump, Trudeau y Peña Nieto

“El sector mexicano de la agricultura más pobre pierde y el más rico sigue igual —dijo Ruiz Nápoles—. El automotriz se las verá muy difícil porque lo más probable es que suban los costos de producción de las materias primas y otros insumos que son más caros en la región que fuera de ella. No obstante, el margen de ganancia de esa industria es muy alto y creo que puede asimilar el golpe. No se puede adelantar que vendan más o menos que antes, porque eso depende de la demanda en los Estados Unidos”.

Más allá de las dudas y de los temores, las grandes compañías mexicanas se muestran optimistas. Al menos públicamente. “Traerá más oportunidades y disciplinas de inversión, fomentará el empleo para nuestro país y consolidará a la región de América del Norte como la más competitiva del mundo”, aseguró el Consejo Coordinador Empresarial.

Realmente no se puede decir que la industria automotriz estadounidense gana y la mexicana pierde, porque las firmas involucradas producen en los tres países, son multinacionales. El realineamiento de la producción será costoso para todos, incluso para los consumidores, que probablemente tengan que pagar precios más elevados por sus autos. Por otro lado, parece que las farmacéuticas estadounidenses ganaron mayor protección de patentes. Los consumidores canadienses tendrán que pagar más por sus medicamentos y la industria de drogas genéricas podría sufrir”, dijo Schmitt.

Andrés Manuel López Obrador, próximo presidente de México

Andrés Manuel López Obrador, próximo presidente de México

Un triunfo político para Trump y para Peña

Trump asoma como el gran vencedor con la firma del AEUMC, ya que fue el principal impulsor de reemplazar el TLCAN y logró que sus socios se suban al barco, aunque en algún momento parecía muy difícil. “Es el mayor acuerdo comercial en la historia de Estados Unidos”, celebró en su cuenta de Twitter.

Trump puede jactarse de tener un nuevo acuerdo que es mejor que el TLCAN desde su punto de vista. Pero, como la mayor parte de las cosas que vienen de la Casa Blanca, es una aseveración exagerada”, opinó Schmitt.

Si se lee la letra chica de lo pactado, es posible que no sea tanto más beneficioso para su país que el TLCAN, lo cual podría relativizar el éxito. Pero es innegable que políticamente le permite presentarse como un presidente que cumple sus promesas y que defiende los intereses estadounidenses, supuestamente dañados por sus antecesores.

Peña Nieto también puede considerarse un ganador. Su presidencia, que fue una de las más deslucidas de los últimos tiempos por sus escasos logros y sus numerosos fracasos —que llevaron al PRI a hacer la peor elección de su historia—, culmina con un premio. Todos se apuraron a cerrar el arreglo a tiempo para que él pueda firmarla antes de dejar Los Pinos.

 Gana Peña Nieto y pierde López Obrador, porque al menos parte de sus reformas no se van a poder echar a andar fácilmente

Gana Peña Nieto y pierde López Obrador, porque al menos parte de sus reformas no se van a poder echar a andar fácilmente con ese tratado. Por ejemplo, la contrarreforma energética va a enfrentar muchas dificultades. Pero no había otra alternativa. Creo que la presión de los Estados Unidos era muy fuerte”, sostuvo Ruiz Nápoles.

Eso no impidió que López Obrador, quien ubicó a Jesús Seade como su representante en la mesa de negociación, elogiara el acuerdo. “Tengo que reconocer el papel destacado del presidente Enrique Peña Nieto, el papel visionario y tolerante del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el papel del primer ministro Trudeau, que con mucho oficio insistió en el diálogo hasta lograr que las tres partes continúen”, dijo el mandatario electo.

Quien puede resultar herido es el mandatario canadiense. Ottawa estuvo a punto de quedarse afuera, porque Estados Unidos y México ya habían alcanzado un entendimiento a fines de agosto. Para conservar su lugar debió resignarse a ser odiado por buena parte de los lecheros de Quebec. Aunque es muy posible que quedarse sin TLCAN ni AEUMC habría sido mucho peor.

“No habría que ver esto como el triunfo de uno que se corresponde con la derrota de otro. En líneas generales es una victoria política para Trump, Trudeau y Peña Nieto”, dijo Schmitt. “Es bastante claro que tanto México como Canadá hicieron concesiones para mantener el tratado de libre comercio. Pero la sensación es que esto es mejor que ningún acuerdo, que habría sido muy costoso para los dos países. Es el precio de ser pequeños en comparación con Estados Unidos“.

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